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Joanne Kathleen Rowling

Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2003

Fue una gran sorpresa y un honor aún mayor enterarme de que se me había galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

Desde luego mi intención no fue ni enseñar ni predicar a los niños. De hecho, creo que salvo raras excepciones, las obras de ficción infantil sufren si el autor o autora está más interesado en instruir a sus lectores que en cautivarlos con un cuento. Sin embargo, siempre he creído que los libros de Harry Potter son altamente morales. Quise representar las ambigüedades de una sociedad donde la intolerancia, la crueldad, la hipocresía y la corrupción abundan, para demostrar mejor lo heroico que es, cualquiera que sea tu edad, luchar en una batalla que nunca se ganará. Y también quise reflejar el hecho de que la vida entre los once y los diecisiete años puede ser difícil y confusa, aún estando armado con una varita mágica.

Hace treinta y dos años que escribo cuentos y nunca he querido ser otra cosa que una escritora. De niña me perdía en mis libros, que eran algo fundamental para mí, y mi apreciación de su importancia ha aumentado con el tiempo. Los niños necesitan cuentos porque necesitan probar sus imaginaciones, probar por sí mismos las ideas de otras personas, ocupar otras vidas, enviar sus mentes a donde sus cuerpos aún no tienen la madurez para ir. No hay película, programa de televisión, juego de ordenador ni videojuego que pueda repetir nunca la magia que existe cuando la imaginación del lector se encuentra con la del autor para crear un reino único y privado.

Para mí, el Premio Príncipe de Asturias es muy significativo, ya que celebra aquel aspecto del éxito de los libros del cual yo estoy más orgullosa: el hecho de que tantos niños, provenientes de condiciones y circunstancias tan distintas, hayan elegido acompañar a Harry en sus cinco años en Hogwarts. Por lo tanto, donaré el dinero del Premio al Fondo para Países en Vías de Desarrollo de la Asociación de Lectura Internacional que promueve la alfabetización en todo el mundo.

(Nota: Fotografía © William de la Hey)

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