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Al Gore

Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2007

Majestad,
Altezas,
Miembros de la Fundación,
Miembros de los Jurados,
Distinguidos invitados,
Señoras y señores,

Me gustaría comenzar dando las gracias al pueblo de Asturias por la espléndida acogida que nos han dispensado a todos. Esta hermosa tierra podría haber sido el argumento elegido por el poeta británico William Wordsworth cuando escribió: "Dos voces hay allí: una es la del mar, / otra la de las montañas. Cada una de ellas, una voz poderosa".

Mi esposa Tipper y yo hemos disfrutado mucho visitando esta región con nuestras hijas Karenna y Kristin y para mí constituye un gran honor participar de esta magnífica ceremonia y compartir el escenario con los demás galardonados.

Quiero manifestar la deuda especial que tengo contraída con las revistas Science y Nature. Quienes hayan asistido a mi conferencia de ayer en Gijón, tal vez se hayan dado cuenta de que muchas de las notas a pie de página de las diapositivas que he presentado procedían, además de otras revistas, de Science y Nature, y quiero rendirles un homenaje especial.

También es muy emocionante para mí compartir el escenario con los representantes de Yad Vashem y con los supervivientes del Holocausto, que han recibido aquí este merecido reconocimiento y este honor. Como comparto el escenario con ellos, quiero decir unas palabras sobre la verdad. Uno de los dichos más categóricos en mi tradición es que tienes que saber la verdad y que la verdad te hará libre. No hace mucho tiempo, estuve en una ciudad europea y se me pidió que visitase uno de los campos de concentración que había cerca de allí. Aunque no debería, me quedé muy sorprendido cuando me di cuenta al llegar de que solamente estaba a quince minutos del centro de la ciudad. Estaba en las afueras. Y la verdad de lo que sucedió allí en aquel entonces no podía haber sido un secreto para muchas personas. Si nosotros hubiésemos estado en esa ciudad y hubiésemos sabido la verdad, ¿habríamos tenido el valor de actuar? ¿Esto nos habría liberado de nuestra cobardía moral? Todos queremos pensar que la respuesta es sí.

Mahatma Gandhi escribió una vez que la fuerza más poderosa de la humanidad es la satyagraha, que traducido quiere decir más o menos la fuerza de la verdad. Él abogaba por la no violencia, desde luego, y enseñó al mundo que la fuerza de la verdad expresada de forma no violenta puede mover montañas, liberar a las personas y cambiar el mundo. El escritor estadounidense Ian Scott Peck definió una vez el mal como la ausencia de verdad. Es una definición especializada sobre la que merece la pena reflexionar. Pero también había ausencia de verdad en lo que estaba escrito encima de las puertas, a la entrada del campo de concentración que visité: "El trabajo os hará libres".

Yo quería, de alguna manera, transmitir una versión profana de la verdad que los científicos están ahora presentando en todo el mundo sobre lo que está sucediendo como consecuencia del choque entre la civilización humana y el sistema ecológico de la Tierra.

Los científicos nos dicen que aquí, en Asturias y en mi propia región de Estados Unidos, el estado de Tennessee, y en todas partes del mundo, las personas estamos hechos de moléculas y de sustancias químicas que aparecen exactamente en la misma proporción que en la corteza terrestre. Nosotros somos parte de la Tierra, somos parte de la naturaleza. Cuando ocasionamos violencia a la naturaleza, lo que hacemos es desgarrar el tejido de la vida y amenazar el futuro de la humanidad.

La población del planeta se ha multiplicado por cuatro en menos de cien años. Hemos aumentado en más de mil, en menos de cincuenta años, el poder de las tecnologías que utilizamos de forma habitual en el día a día. El resultado neto es que estamos chocando con el tejido ecológico que sustenta la vida misma. Tenemos que admitir la verdad que nos comunican los científicos, tenemos que encontrar la valentía moral para actuar.

Yad Vashem remueve nuestra conciencia sobre lo que sucedió en el pasado. Los científicos intentan despertar nuestra conciencia sobre lo que podría suceder en el futuro. Depende de nosotros aquí, ahora, en el presente, decidir qué vamos a hacer, decidir el futuro en el que vamos a vivir nosotros, nuestros hijos y todas las generaciones futuras. Existe un dicho africano que dice que si quieres avanzar con rapidez tienes que ir solo y si quieres ir lejos tienes que ir en compañía. Nosotros tenemos que ir lejos, rápido, lo cual significa que tenemos que llegar a un nivel de consenso sobre la verdad que nos transmiten los científicos para poder despertar la conciencia en la humanidad sobre quiénes somos, sobre cuál es nuestro objetivo en la vida y sobre cuáles son las consecuencias de no encontrar la valentía moral de actuar.

Aquí, en España, al final de una época larga y amarga, cuando la democracia estaba en peligro, el pueblo español elevó su nivel de conciencia sobre por qué la libertad y la democracia son más importantes que cualquier tipo de conflicto partidario o ideológico. Igual que el Rey condujo esa revolución aquí, en España, de la misma forma todos nosotros, la generación de seres humanos que estamos vivos hoy, tenemos la obligación de liderar una revolución de la conciencia en nuestro mundo, porque somos un solo pueblo, que vive en naciones separadas pero que comparte un futuro común, que se enfrenta a una amenaza común, y que tiene que asumir la misma obligación moral.

En algunos años, la siguiente generación nos va a formular una de estas dos preguntas cuando echen un vistazo a lo que hemos hecho o dejado de hacer. Nos van a preguntar o bien en qué estabais pensando, por qué fuisteis mudos, sordos y ciegos frente a las consecuencias de lo que se estaba haciendo. O podrán formular una pregunta que es la que a mí me gustaría que hicieran y que realmente creo que es la que harán. Quiero que miren atrás, hacia el 2007, al principio de este siglo, y pregunten: "¿Cómo encontraron la valentía moral de enfrentarse a una situación que algunos decían que era imposible de solucionar? ¿Cómo pudieron elevar el nivel de conciencia sobre la verdad a la que se enfrentaba nuestro mundo? ¿Cómo encontraron la valentía para actuar?".

Ahora tenemos todo lo que necesitamos para asegurarnos de que estas últimas preguntas sean las que nuestros hijos se formulen. Y, cuando intenten responderlas, quiero que digan que nosotros nos dimos cuenta de que teníamos todo lo que hacía falta para salvar la integridad ecológica de nuestro planeta, a excepción de la voluntad política. Pero que luego nos dimos cuenta de que, en democracias como España y Estados Unidos y naciones de todo el mundo que son libres, la voluntad política es un recurso renovable.

Gracias.

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