La Vicaría de la Solidaridad, fundada en 1976 y dependiente del Arzobispado de Santiago de Chile, fue una de las pocas voces que se alzó en la sociedad chilena contra la tortura, los abusos de poder y la violencia, haciendo de la defensa de la libertad y los derechos humanos su bandera.
La Vicaría se fundó con la ambición de crear un "espacio de justicia" en un Chile oprimido por un régimen dictatorial y arbitrario, prestando ayuda a los perseguidos y atendiendo a los familiares de los detenidos desaparecidos. Poco después se centró en el asesoramiento jurídico a más de 257.000 personas, la presentación de más de 4.500 recursos de amparo, y la apertura de más de 5.000 procesos judiciales en defensa de los acusados o por denuncia de abusos.
La labor constante de la Vicaría en favor de los oprimidos, motivó campañas y persecuciones desde la dictadura militar, que trató de confundir al pueblo chileno y a la opinión internacional presentando a esta institución como un refugio de terroristas y una organización de carácter político. Muchos de sus miembros sufrieron detenciones y encarcelamientos, amenazas de muerte e incluso, como le sucedió a uno de los vicarios, Ignacio Gutiérrez, la expulsión del país.
En el momento de la concesión del Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 1986, la dirección de la Vicaría de la Solidaridad estaba a cargo de Santiago Tapia, un sacerdote con una dilatada experiencia social, cosechada a lo largo de muchos años de apostolado en instituciones sindicales y organizaciones obreras. Monseñor Tapia trató de transmitir el espíritu de la Vicaría al propio pueblo chileno, de hacer que la gente se organizara y fuese capaz de plantar cara al poder y defender sus derechos. Al mismo tiempo, Santiago Tapia trató de fomentar la reconciliación desde las páginas de la revista "Solidaridad". En sus editoriales insistía una y otra vez en la urgencia y la necesidad de una reconciliación de todo el pueblo chileno en la verdad. "Solidaridad", la Vicaría, intentó promover un nuevo modelo de sociedad donde los valores de libertad, justicia y fraternidad suplantasen a la tiranía, la violencia y el terror.
La Vicaría de la Solidaridad concluyó sus actividades el 31 de diciembre de 1992, su fundador el Cardenal de la Iglesia Católica y Arzobispo de Santiago, Monseñor Raúl Silva Henríquez, falleció el 9 de abril de 1999, a los 91 años.
La historia de esta extensa labor se encuentra contenida en una gran cantidad de documentación de un valor incalculable, que es parte insustituible de la memoria histórica de Chile y que constituye uno de los mayores centros de información sobre derechos humanos existentes en el país. Por este motivo, en 1992, se creó la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad, con el objeto de resguardar toda esta documentación referida a las víctimas del período comprendido entre septiembre de 1973 y marzo de 1990.