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Václav Havel y Cable News Network (CNN)

Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 1997

Václav Havel

Vuestra Real Majestad,
Vuestra Alteza,
Señoras y señores,

Es para mí un honor extraordinario recibir de manos de Su Alteza Real este Premio que goza de altísimo prestigio no solamente aquí en España sino en toda la comunidad latinoamericana y también en el continente europeo. La lista de los laureados con el Premio en las respectivas categorías es digna de admiración. Personalmente conozco a muchos de ellos y a todos los tengo en muy alta consideración. Este tipo de premios suele siempre suscitar la necesidad de hacer un examen de conciencia y de realizar un balance. Por regla general uno suele darse cuenta de sus insuficiencias y al mismo tiempo de su elevada responsabilidad en aquellas cuestiones en que puede, tiene derecho, e incluso debe actuar de alguna manera.

La comunicación humana es un tema al que volvía repetidamente en mis tiempos de autor teatral. Seguramente convendrán conmigo que vivimos en una época, en la que, parafraseando el título de una de mis obras dramáticas, "no hay manera de entenderse". Incluso el casi perfecto conocimiento de una lengua no nos permite comprender las numerosas jergas que sirven para la comunicación entre especialistas de diversas disciplinas científicas o de personas que pertenecen a grupos sociales o subculturas específicas. La lengua que suele acercar a los humanos, los divide al mismo tiempo. No obstante, no se trata únicamente de una cuestión lingüística. Tengo el honor de compartir este Premio con la cadena norteamericana de televisión CNN que, sin lugar a dudas, ha introducido en el ámbito de la comunicación muchos elementos nuevos y positivos. Gracias a sus reporteros hemos presenciado en directo muchos acontecimientos históricos de los últimos años. Sus informativos suscitan el sentimiento inmediato de que los acontecimientos de los lugares más remotos del mundo nos afectan de alguna manera y de que nuestro planeta es pequeño, y está abrumado por muchos problemas aparentemente irresolubles, que exigen de nuestro interés y atención. Hay también muchos aspectos negativos: el mundo puede ser percibido cada vez más como una realidad virtual y sus problemas pueden parecer solucionables pulsando una tecla del ordenador o bien optando por otro canal de televisión, es decir, por otra realidad virtual más agradable.

Como político y presidente de mi país soy especialmente sensible a los problemas de la comunicación en el mundo de la política. No se trata solamente de la jerga de la política, sino ante todo, de la crisis de sus contenidos, especialmente cuando se orienta hacia el beneficio a corto plazo y cuando va perdiendo de vista los objetivos que deberían perseguir. Y aquí no me refiero a la política como técnica de gobierno y de mantenimiento del poder. El histórico proceso de cohesión de Europa, del que estamos siendo testigos, se suele percibir cada vez más como una cuestión de estrategias económicas o políticas. Cabe preguntar, qué palabras y qué medios deberían encontrarse para que los ciudadanos de los países europeos sintieran esa savia vivificante que ha ido alimentando hasta el momento ese proceso y cuya fuente no mana exclusivamente de la evolución de la parte occidental del continente en la posguerra o de los acontecimientos revolucionarios del último decenio.

El laureado con el Premio Príncipe de Asturias del año pasado en la categoría de cooperación internacional, el Canciller de Alemania Federal, Helmut Kohl, recordó en este mismo lugar, entre otras cosas, los antiguos caminos y rutas europeos que deberíamos redescubrir.

Mencionó también una de las rutas más viejas de peregrinaje en Europa -el Camino de Santiago de Compostela, con meta en la tumba del apóstol Santiago que atraviesa esta ciudad de Oviedo. Muchos compatriotas míos han hecho el camino, y en la actualidad, sería extremadamente difícil calcular su número. En este antiquísimo camino confluían como en un río las corrientes de distintos países de Europa, tenía muchísimas paradas hasta llegar a su destino y constituía una suerte de imagen y de referencia al auténtico sentido de la existencia humana.

La geografía de Europa está entretejida de caminos que siguen grabados en el paisaje, suelen salvar inadvertidamente las fronteras de los estados modernos y cruzaban, hasta épocas recientes, incluso los telones de acero contemporáneos y con ello recordaban su artificiosidad y provisionalidad. Todo ello no tenía que ver sólo con los caminos de los devotos peregrinos, sino también con las rutas comerciales y militares. Nuestros antepasados viajaban por Europa en pos de un beneficio espiritual y material. Y aunque sus viajes eran interminablemente largos y el retorno no era seguro, volvían a emprenderlos una y otra vez. Los viajeros difundían la cultura y la civilización europeas por los caminos que aún atraviesan nuestro continente. Es curioso que las personas que encontraron tiempo y viajaron a pie por el continente europeo, son especialmente conscientes de esa unidad en la alteridad y hablan de ellas con entusiasmo y amor.

Para ir descubriendo los fundamentos espirituales de Europa y con ello las fuentes del proceso de integración europea, es muchas veces suficiente cambiar un tanto nuestra óptica. Si nos demoramos un poco por nuestros pueblos y nuestros paisajes, es seguro que encontraremos en cualquier lugar un rincón que nos recordará algo íntimamente conocido. Lo ajeno, lo que aún no habíamos visto, se convertirá no solamente en algo parcialmente conocido, sino en algo experimentado y vivido. Este desafío quizás parezca un tanto ilusorio en nuestros tiempos atropellados. Pero si nos sustraemos a la prisa, miraremos -y no veremos nada; escucharemos y no oiremos nada. Esto es válido incluso en aquellas esferas de la vida, donde es necesario tomar decisiones rápidas y enérgicas, o sea, también en política.

Ciertamente está en la esencia de este Premio el profundizar en la conciencia de que la comunicación no sirve únicamente para transmitir información, sino que también es una forma de encuentro y de entendimiento entre los hombres. En este contexto también comprendo por qué al entregar el Premio Príncipe de Asturias se ha ido dedicando una atención continua al entendimiento entre las etnias, los estados o las diversas partes enfrentadas. A esta tribuna fueron invitados, con justo mérito, los que trabajaron en bien de la paz y de la reconciliación -pondré el ejemplo de Isaac Rabin y Yasir Arafat, Frederik de Klerk y Nelson Mandela o los "cascos azules" de la antigua Yugoslavia. Y si hoy podemos dar la bienvenida a los representantes del pueblo de Guatemala que lograron acabar de manera concertada los 36 años de guerra civil, lo considero como una gran victoria del esfuerzo por el entendimiento y el deseo de reconciliación.

Muchas gracias por su amable atención.

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