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Discursos  

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Discurso de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias durante la ceremonia de los Premios Príncipe de Asturias 1991

Majestad,

Para mí es una gran satisfacción contar con vuestra presencia en este acto tan entrañable y tan importante para Asturias y España.

Celebra este Principado y, dentro de él, de manera especial esta ciudad, un hecho de trascendentes consecuencias para la Historia de España: el mil doscientos aniversario de la entronización de Alfonso II El Casto como Rey de Asturias.

Alfonso II convirtió su Reino en faro del arte del mundo cristiano, aglutinó las aspiraciones de los pueblos del Norte de España y extendió su influencia hasta Lisboa y la Europa de Carlomagno.

Es apasionante verificar en lejanas páginas de nuestra historia cómo desde un pequeño, pobre y acosado Reino, como era por entonces el de Asturias, se construye un grandioso ejemplo de lo que puede hacer la voluntad de unos hombres para superar las más arduas dificultades. Al igual que aquel gran Rey alzó su mirada por encima y más allá de las montañas que protegían, y a la vez aislaban, a su Reino, yo me propongo lograr, con la ayuda de todos, que estos Premios sean, desde el Reino de España, un mensaje universal de concordia, amor a la cultura y a la libertad, pues no habrá felicidad en la Tierra hasta que los hombres y mujeres que la pueblan sean libres para crear y para decir lo que piensan.

La relación de los galardonados de este año, a quienes hoy expresamos nuestro homenaje, es una referencia excelente del futuro que queremos para nuestros Premios.

Saludamos, con una especial emoción, al pueblo de Puerto Rico, Premio Príncipe de Asturias de las Letras, por su decidida defensa de su más preciado legado cultural al cultivar nuestra lengua y hacerla nacer y renacer cada día como sangre del espíritu. A su gobernador quiero agradecerle de todo corazón su presencia hoy aquí, al tiempo que envío un cálido mensaje de fraternidad al pueblo puertorriqueño.

Nuestra admiración también para Sergei Bubka, Premio Príncipe de Asturias de los Deportes, mítico atleta cuya constante y espectacular superación es un modelo para la juventud de todo el mundo; para Luis María Ansón, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, periodista de lealtad inconmovible y de inteligente pasión por su trabajo en favor de la libertad y la cultura. Para Miguel Artola, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, investigador de la Historia, cuya innovadora y rigurosa tarea nos alumbra para comprender la sociedad pasada e interpretar la del presente. La admiración por su obra ha creado una escuela entre sus discípulos que es la mayor garantía para la continuidad y el engrandecimiento de su tarea.

Para Francisco Bolívar Zapata, nuestro homenaje por generar una investigación científica de primera línea, demostrando, al mismo tiempo, que la pasión por desvelar los enigmas de la vida supera la insuficiencia de medios.

Nuestra enhorabuena a Victoria de los Ángeles, Teresa Berganza, Montserrat Caballé, Pilar Lorengar, José Carreras, Plácido Domingo y Alfredo Kraus, Premios Príncipe de Asturias de las Artes, por ser una extraordinaria e irrepetible embajada de la lírica de todos los tiempos y de la cultura española de hoy ante el mundo. Habéis hecho llegar vuestras voces hasta el último rincón del país, propiciando una mayor atracción hacia el mundo de la música.

La vocación más profunda de estos galardones se refuerza este año con los Premios de la Concordia, a Médicos Sin Fronteras y Médicus Mundi; y de Cooperación Internacional, al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Tres organizaciones que realizan su labor allá donde se agigantan las lacras de la pobreza, la enfermedad, la guerra y la represión. Su arriesgada e incansable apuesta por la solidaridad nos recuerda un viejo pensamiento de la mejor cultura europea, según el cual no hemos nacido para nosotros mismos, sino para los demás. Las personas que se dedican a este tipo de fines nos hacen renovar nuestra fe en el hombre, tantas veces enturbiada en el devenir de la historia.

Me complace también la concesión del Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias a la Asociación Amigos del Paisaje de Villaviciosa-Cubera, a donde mañana tendré la ocasión de viajar para hacer entrega del mismo, conocer a sus integrantes y la labor de preservación a la que tan ejemplarmente dedican sus trabajos.

Quisiera también dedicar unas palabras de reconocimiento a la calidad de nuestros Jurados que, como en ediciones anteriores, han aportado su juicio objetivo y desinteresado por el bien y prestigio creciente de los Premios.

La satisfacción que hoy sentimos se ha visto empañada por unos hechos dramáticos. Quiero condenar con todas mis fuerzas los sangrientos acontecimientos ocurridos ayer en Madrid en los que ciudadanos inocentes perdieron la vida o sufrieron terribles mutilaciones como consecuencia de un cobarde y desalmado terrorismo asesino.

Para ellos, sus familias, y también para todos los que con anterioridad sufrieron la sinrazón de esta barbarie, mi recuerdo emocionado y mi solidaridad en estas horas tan tristes.

La prosperidad y la felicidad de los pueblos fructifican cuando en ellos conviven en armonía, entre otros, valores como la libertad, la solidaridad, la educación, la creatividad, el amor al trabajo, la capacidad de sacrificio y la cooperación.

Reflexionemos sobre estas circunstancias, que tan presente es preciso tener en momentos de dificultades. Para superarlas aportemos todos nuestros esfuerzos y nuestra colaboración sin perder jamás las esperanzas de conseguir un futuro brillante para nuestro Principado, a cuya suerte me siento unido como un asturiano más.

Como la misma lealtad que siempre me disteis, yo me fundo ahora con vosotros para alcanzar ese porvenir mejor en el que creo y para cuyo logro os prometo todo mi esfuerzo.

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