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Juan Rulfo

Premio Príncipe de Asturias de las Letras 1983

El escritor mejicano Juan Rulfo (Acapulco, Jalisco, México, 1917 - Ciudad de México, México, 1986) realizó sus primeros estudios en la localidad de San Gabriel. En 1925, la familia se trasladó a Guadalajara, y al año siguiente entró a estudiar en el colegio Luis Silva.

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Tras la muerte de su madre, en 1927, se fue a vivir con su abuela materna. Ingresó en la escuela secundaria en Guadalajara y en 1933, a causa de una huelga, abandonó los estudios. En 1935 se trasladó a la ciudad de México, a la que llegó habiendo vivido la revolución de los cisteros, el asesinato de su abuelo y de su padre, la muerte de su madre, experiencias marcaron profundamente su futura obra literaria. En la ciudad de México, Rulfo se colocó en la Oficina de Migración, puesto que mantuvo hasta 1945. Allí conoció también a Efrán Hernández, ya famoso como cuentista. Él --dice Rulfo-- leyó mis primeras cosas; él publicó mi primer cuento, La vida no es seria en sus cosas. A partir de 1945 se ocupó en otros trabajos en Guadalajara y en la capital. Desde 1963 fue director del departamento editorial del Instituto Nacional Indigenista.

Publicó sus primeros cuentos en las revistas América, de la ciudad de México, y Pan, de Guadalajara. Algunos de estos cuentos aparecen en El llano en llamas (1953), libro que le hizo famoso como narrador y que marca un hito en el desarrollo del cuento mejicano. Dos años más tarde apareció su única novela, Pedro Páramo, que junto con la obra ya citada y la recopilación de sus trabajos cinematográficos, El gallo de oro (1980), configura la totalidad de su producción literaria.

En su primer libro predominan las narraciones en primera persona, los personajes trágicos y los ambientes desolados, hostiles, en los que el hombre lucha constantemente por la supervivencia. El llamado Realismo Mágico es creado por Rulfo yuxtaponiendo motivos reales y fantásticos: la presencia de almas en pena, el viento lleno de dolor visible sólo cuando hay luna llena. El humor es raro: lo encontramos únicamente en el cuento El día del derrumbe, animada sátira política.

Las técnicas narrativas empleadas por Rulfo en El llano en llamas --en las que se pueden detectar influencias faulknerianas-- reaparecen, perfeccionadas, en Pedro Páramo, una de las más complejas e intensas novelas mejicanas. El libro empieza con la llegada de Juan Preciado --hijo de Pedro Páramo--, a Comala en busca de su padre. Encuentra un pueblo muerto, lleno de murmullos, de ecos, de sombras, de almas en pena, enclavado en una región árida, sin vida animal ni vegetal. La magia estilística de Rulfo da vida a ese pueblo muerto. La transición que se produce entre lo real y lo irreal es casi imperceptible. Los personajes tienen características de seres vivos, pero también de difuntos. En el tiempo se pasa del presente al pasado; en el espacio, de un escenario a otro, sin necesidad de transiciones retóricas formales. Si bien los fragmentos se entrelazan sin aparente orden cronológico, es posible descubrir que el autor se ha valido de motivos e índices que ayudan al lector a organizar la acción, que se desarrolla en torno a la violenta vida de Pedro Páramo, cuyo amor hacia Susana, insatisfecho, le hace odiar todo lo que le rodea. Para vengarse, deja que los habitantes de Comala perezcan. La intensidad emocional, unida a la compleja estructura, hacen de la obra una de las más logradas novelas de la narrativa hispanoamericana y mundial de este siglo.

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