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Woody Allen

Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2002

Un gran comediante americano del pasado, Jack Benney, tenía la mejor frase para una ocasión tan estupenda y maravillosa como ésta; cuando ganó un gran y prestigioso premio dijo: "Yo no me merezco este premio, pero tengo diabetes y tampoco me lo merezco". Así me siento yo; estoy tremendamente honrado de recibir este honor en un país europeo. Es de un significado muy especial.

Me crié en un momento en el que el cine estaba dominado por las películas americanas y yo disfrutaba mucho de estas películas cuando era pequeño, eran encantadoras, eran muy divertidas. Pero fue después de la II Guerra Mundial cuando hubo una gran influencia del cine europeo en los Estados Unidos. Yo era muy joven, y enseguida nos dimos cuenta del potencial que tenía el cine para convertirse en una forma de arte. De repente los que nos criamos viendo este cine comercial americano, nos encontramos yendo a pequeños cines de arte y ensayo de Nueva York para ver películas extranjeras: de Fellini, Buñuel, Kurosawa, Bergman, De Sica y de Truffaut, y todas estas películas tuvieron un gran impacto en todos nosotros.

Era lo que más se comentaba en la ciudad y lo que comentábamos los que estábamos interesados en el cine. Esto se conoce como la "Edad de Oro" del cine europeo. Actualmente los Estados Unidos ha entrado en un periodo poco creativo en cuanto al cine. Los estudios conciben sus proyectos para hacer dinero, y las películas están destinadas al más bajo denominador común, no son películas maduras, no están llenas de pensamiento y glorifican la tecnología como fin en sí mismo. No tienen que ver directamente con la tecnología, pero se hacen con tal aparato técnico, que el elemento humano se ha perdido por completo.

Sólo el cine europeo en la actualidad tiene películas que merece la pena ver, con sentido para adultos inteligentes y pensantes. Es muy difícil para este tipo de personas ver películas buenas en Estados Unidos un sábado por la noche. Todas están dirigidas a niños de 10 a 12 años. Son pocas las películas europeas, o de Oriente Medio, o de Irán, o de China, o de Japón o Latinoamericana que llegan a los Estados Unidos, y éstas son las que tienen más interés, las más provocadoras y las más significativas para todos los que pensamos que el cine e ir al cine es un arte.

Miramos a los cineastas europeos para buscar líderes en este momento, no hay guías en los Estados Unidos, no tenemos líderes. El interés en Estados Unidos se centra en la producción, en el interés económico. Se gastan cientos de millones y se pierden cientos de millones en un fin de semana. Se gastan mucho dinero en lanzar una película. Se gastan más dinero en publicidad en una película que todo el dinero que Buñuel se gastó en toda su vida haciendo películas. La situación se ha desmadrado por completo. Y los que seguimos siendo serios y tenemos la esperanza de que el cine siga siendo un arte, miramos hacia Europa y hacia los cineastas europeos. Cuando salimos de Nueva York, la película más interesante en este momento era la película española de Pedro Almodóvar en el Festival de Cine. Estas son las películas que la gente en Nueva York va a ver y de las que habla. Espero que los europeos sigan liderándonos y guiándonos en nuestro camino, porque al final de Estados Unidos no nos está llegando nada.

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