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Timothy Garton Ash Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2026
Majestades, Altezas Reales, señoras y señores:
Europa y la libertad son los temas centrales del trabajo al que he dedicado mi vida. Al agradecerles el extraordinario honor que supone recibir el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales de este año, quisiera, si me lo permiten, dirigir unas palabras sobre ambas, Europa y la libertad, directamente a la princesa de Asturias.
Porque nacer en Europa en 2005, como nació usted, significaba llegar al mundo en un momento de expansión sin precedentes de la libertad, la paz y la integración europea. (Una Europa que, por cierto, incluye, como es evidente, a Gran Bretaña; al fin y al cabo, la primera princesa de Asturias fue Catalina de Lancaster). Nunca, a lo largo de los siglos, habíamos estado tan cerca de hacer realidad la visión de una Europa unida y libre como en aquel momento dorado, en torno al año 2005.
Sin embargo, desde entonces hemos vivido tal sucesión de crisis, y ahora nos enfrentamos a tal cúmulo de amenazas externas e internas, que todo lo conseguido desde 1945 —esa Europa que muchos miembros de su generación, Alteza, daban por sentada— se encuentra hoy amenazado en su propia existencia. ¿Cómo podemos seguir hablando, por ejemplo, de una Europa de «posguerra» cuando estamos presenciando en Ucrania una guerra a gran escala que ya dura más que la Primera Guerra Mundial y que puede haber costado dos millones de muertos y heridos?
Por mi parte, trataré de seguir aportando cuanto pueda, con mi pluma y con mi voz, pero el futuro tanto de Europa como de la libertad dependerá cada vez más de su generación de europeos, Alteza.
Para defender, reformar y ampliar una Europa libre harán falta muchas cosas, pero permítanme destacar solo tres. La primera tiene que ver con algo que espero que usted ya esté descubriendo en la universidad: un compromiso profundo con la búsqueda de la verdad (en inglés, truth), sustentado en el examen crítico de las pruebas y en hechos contrastados. En su libro Apología para la historia o el oficio de historiador, el gran historiador Marc Bloch señala varios periodos de la historia europea en los que «era como si una vasta sinfonía de engaños resonara de un extremo a otro de Europa». Hoy nos estamos adentrando probablemente en un periodo semejante, en el que las redes sociales, la inteligencia artificial, las potencias hostiles y algunas personas en puestos de poder interpretan otra «vasta sinfonía de engaños». El papel de las profesiones dedicadas a la búsqueda de la verdad, como la mía, la investigación académica o el periodismo, pero también el derecho —representado, por ejemplo, por la Corte Penal Internacional de La Haya—, será más importante que nunca.
La segunda es la confianza (en inglés, trust). La democracia liberal atraviesa hoy una profunda crisis de confianza en casi toda Europa, especialmente entre los europeos más jóvenes. Es preciso recuperar esa confianza. Para ello, no basta solo con buenas políticas: hacen falta también instituciones respetadas, capaces de adaptarse continuamente, así como las aportaciones de personas individuales en todos los ámbitos de la sociedad.
Por último, y para mantener la sucesión de términos que empiezan por t en inglés, recurriré a una palabra española: tiquitaca. Porque ¿acaso es posible hablar en España, en 2026, y en presencia de Lionel Messi, sin mencionar el fútbol? La lección que el fútbol ofrece a Europa es que el éxito requiere tanto del genio individual como de un sofisticado trabajo en equipo. Cada jugador posee su propio talento, ya sea en defensa, en ataque o en el centro del campo, pero todos actúan como uno solo cuando despliegan ese asombroso estilo de juego español de pases rápidos, en el que todos parecen saber, de manera casi milagrosa, no solo dónde están los demás, sino dónde estarán dentro de cinco segundos.
Ojalá las naciones, Estados y regiones de Europa fueran capaces de hacer lo mismo, combinando, como siempre ha hecho Europa en sus mejores momentos, la diversidad y la unidad. Seríamos imbatibles.
Les agradezco una vez más el honor que me han concedido. Lo llevaré conmigo, como un tesoro, cuando regrese mañana de un gran país europeo a otro.
Traducción de Álvaro Marcos
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